lunes, 5 de enero de 2015

Sobre la deuda de los países y qué hacer con ella: precedentes europeos

Extraído del libro J. SACHS, El fin de la pobreza, cómo conseguirlo ennuestro tiempo.Debate (el subrayado es mío)

Balcerowicz (ministro de Economía de Polonia en 1990)  no podría hacer frente a los conflictos y cambios de unas reformas económicas desgarradoras si los beneficios de las mismas se los tragaba el pago de los crecientes intereses de la deuda. Las ganancias derivadas de la reforma habían de corresponder al pueblo polaco y no a los acreedores extranjeros de Polonia, un elemento básico de economía política que yo llevaba muchos años recalcando en lo tocante a América Latina y Europa del Este. Balcerowicz decidió decir basta, exactamente como yo había recomendado. Polonia buscaría la condonación negociada de una parte importante de su deuda externa con el fin de garantizar que su futuro no fuera rehén de las deudas de la época soviética y que el propio pueblo polaco fuera el beneficiario de su audaz y arriesgado paso hada la democracia y una economía de mercado integrada a escala mundial.
 Lamentablemente, las negociaciones no iban a ser tan sencillas. A altos funcionarios de economía de Estados Unidos, Europa y Japón oí decirles repetidas veces que los países acreedores occidentales no perdonarían la deuda de un país europeo. Una cosa era Bolivia, sostenían, pero Polonia era otra muy distinta. Entonces se produjo el gran cambio, cuando Balcerowicz visitó a Helmut Kohl. Antes de que se fuera, sugerí que le resultaría útil leer el Acuerdo de Londres de 1953, en el cual los aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial habían ofrecido a la nueva República Federal Alemana la posibilidad de comenzar de nuevo al reducirle la carga de las deudas de la época anterior a la contienda. En la reunión entre Balcerowicz y Kohl, cuando el canciller alemán empezó a plantear objeciones a la condonación de la deuda de Polonia, Balcerowicz le dijo que Alemania había recibido el mismo trato que él estaba pidiendo, y luego pasó a resumir el acuerdo de 1953. Kohl acabó accediendo a hacer por Polonia lo mismo que se había hecho por Alemania, y afirmó que se trataba de un momento histórico. Al final, Polonia consiguió la condonación del 50 por ciento de su deuda, unos 15.000 millones de dólares.


Con frecuencia se dice a los países que, si se condona su deuda, ya no se los considerará solventes para la concesión de nuevos préstamos. Ese argumento es retrógrado. Si un país tiene una deuda excesiva, es imposible que sea solvente. Si la condonación de la deuda está avalada por realidades financieras y se negocia de buena fe, y a continuación el país sigue desarrollando políticas económicas responsables, la condonación de la deuda aumenta la solvencia en lugar de reducirla. Al fin y al cabo, un país bien gobernado y escasamente endeudado puede permitirse asumir nuevas deudas. La condonación dolo deuda no puede ser cuestión de broma o capricho, ni debe ser un juego para eludir viejas obligaciones. Ha de reflejar auténticas realidades sociales, económicas y políticas. En tales circunstancias, una condonación negociada de la deuda puede ofrecer nuevas esperanzas y posibilidades económicas al país deudor, así como una renovada solvencia. Esto es exactamente lo que ocurrió con Polonia, que en la década de 1990 volvió a los mercados de capitales”.

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